viernes, 28 de octubre de 2011

La frontera de mis pensamientos

No puedo moverme, no me siento, no me encuentro.
Creo que me perdí hace algún tiempo, mientras me arrepentía de perder aquel dulce nectar.
Otra vez... Otra vez esos pesados sentimientos, esas horribles imágenes que pasan por mi cabeza que no me dejan pensar claramente. Hacen perderme lo mejor de mi.
Quizás ya sea hora,
no quiero ni pensarlo,
desde tan lejos ya lo puedo sentir,
y viene atrás mío,
me está consumiendo....
El frío se hace cargo de mis sueños, y otra vez estoy aquí: en la frontera de mis pensamientos. Acá todo es de colores, paraiso del infierno... Mis manos ya se duermen y no quiero ver la realidad. Sólo mi corazón puede quitar a mi mente de este estado.
Y que raras se sienten mis piernas, desde aquel verano en que perdí mi inocencia que no me sentía así, tan tieso, tan perdido, con tan poco por hacer.
Y que temor que hay por aquí, cuanto dolor por ocultar al sol, en la frontera de mis pensamientos, yo soy preso del fruto de mi mentor.


viernes, 21 de octubre de 2011

La psicodélica flor

No puedo gritar,
ya no me queda mas voz,
solo te pido un favor...

Que no me pidas perdón,
no quiero nada de vos
no queda nada de mi.

La psicodélica flor,
que a Dios no quiso entender,
ni a todo su alredor...

A pesar de su dolor,
el sol siempre estará aquí,
y camina sobre quien sos.

Lo que digan los demás,
siempre estará por perder,
toda credibilidad...

Pero decime quién sos,
y quién te trajo hasta aquí,
seguiste a mi corazón.

Ya no me quieras mentir,
yo se muy bien como sos,
conozco donde vivis...

Perdiste el alma un montón,
por invitar a bailar,
al que es de armas cargar.

No me quieras conmover,
yo siempre supe perder,
aunque tambien se ganar...

No puedo gritar,
ya no me queda mas voz,
solo te pido un favor.

viernes, 7 de octubre de 2011

¿Qué pasó?

Creo entender lo que te pasa,
casi que lo puedo ver en tu mirada,
y es que a veces estás más allá que acá,
preguntándole al tiempo si algún día volverán.

Sabes siempre la respuesta,
aunque igual te castigás,
no es por santo ni por diablo,
y hoy la angustia te volvió a ganar.

Por que aunque tu alma esté tranquila,
siempre habrá en tu corazón,
unas luces de colores,
que iluminan el terror.

Porque aunque sigas viviendo,
y te regalen el perdón,
vos viviste aquella noche,
y morís en tu dolor.

Creo saber como se siente,
casi que siempre hay un peor,
y es que aunque pasen los años,
nunca sanan ese ardor.

Lo que digan esos socios,
no te llena ni vacía,
solamente arman más circo,
sin respeto por la vida.

Porque aunque sigas viviendo,
y te regalen el perdón,
sos un alma que camina,
preguntando qué pasó...
 

domingo, 2 de octubre de 2011

El hombre de conocimiento y sus cuatro enemigos

 En nuestras conversaciones, don Juan usaba a menudo la frase "hombre de conocimiento", pero nunca explicaba qué quería decir. Iniquirí al respecto.

-Un hombre de conocimiento es alguien que ha seguido de verdad las penurias de aprender. Un hombre que sin apuro, sin vacilación ha ido lo más lejos que puede en desenredar los secretos del poder y el conocimiento.
Un hombre de conocimiento debe desafiar y vencer a sus cuatro enemigos naturales. Todo hombre que venza esos cuatro enemigos se convierte en un hombre de conocimiento.
Cuando un hombre empieza a aprender, nunca sabe lo que va a encontrar, pues no sabe nada de los trabajos que cuesta aprender. Cada paso del aprendizaje es un atolladero, y el miedo que el hombre experimenta empieza a crecer sin misericordia. Y así ha tropezado con el primero de sus enemigos naturales: ¡el miedo! Un enemigo terrible: traicionero y enredado como los cardos. Y si el hombre aterrado en su presencia, echa a correr. su enemigo habrá puesto fin a su búsqueda.

-¿Y qué puede hacer para superar el miedo?

-No debe correr. Debe desafiar a su miedo, y pese a él debe dar el siguiente paso en su aprendizaje, y el siguiente, y el siguiente. Y llega un momento en que su primer enemigo se retira. Pero a cambio del miedo ha adquirido la claridad: una claridad de mente que borra el miedo. Y así ha encontrado a su segundo enemigo: ¡la claridad! Esa claridad de mente, tan difícil de obtener, dispersa el miedo, pero también ciega. Fuerza al hombre a no dudar nunca de sí. Le da la seguridad de que puede hacer cuanto se le antoje, y tiene valor porque tiene claridad, y no se detiene en nada porque tiene claridad. Pero todo eso es un error. Si el hombre se rinde a esa ilusión de poder, ha sucumbido.

-Pero ¿qué tiene que hacer para evitar la derrota?

-Debe desafiar su claridad y usarla sólo para ver, y esperar con paciencia y medir con tiento antes de dar otros pasos. Y vendrá un momento en que comprenda que su claridad era sólo un punto delante de sus ojos. Y así habrá vencido a su segundo enemigo, y llegará a una posición donde nada puede ya dañarlo. Ese será el verdadero poder. Ve claro y parejo todo cuanto hay alrededor. Pero también ha tropezado con su tercer enemigo: ¡el poder! Es el mas fuerte de todos los enemigos, y naturalmente, lo más fácil es rendirse; después de todo, el hombre es de veras invencible.

-¿Cómo puede vencer a su tercer enemigo, don Juan?

-Tiene que desafiarlo, con toda intención. Tiene que llegar a darse cuenta de que el poder que aparentemente ha conquistado no es nunca suyo de verdad. Si puede ver que, la claridad y el poder son peores que los errores, llegará a un punto en el que todo se domina. Entonces sabrá cómo y cuándo usar su poder. Y así habrá vencido a su tercer enemigo.
El hombre estará, para entonces, al fin de su travesía por el camino del conocimiento, y casi sin advertencia tropezará con su último enemigo: ¡la vejez! Este enemigo es el más cruel de todos, el único al que no se puede vencer por completo; el enemigo al que solamente podrá ahuyentar por un instante.
Este es el tiempo en que un hombre ya no tiene miedos, no tiene claridad impaciente; un tiempo en que todo su poder está bajo control, pero también el tiempo en el que siente un deseo constante de descansar. Si se rinde por entero a su deseo de acostarse y olvidar, habrá perdido el último asalto. Su deseo de retirarse vencerá toda su claridad, su poder y su conocimiento.

"Pero si el hombre se sacude del cansancio y vive su destino hasta el final, puede entonces ser llamado hombre de conocimiento, aunque sea tan sólo por esos momentitos en que logra ahuyentar al último enemigo, el enemigo invencible. Esos momentos de claridad, poder y conocimiento son suficientes."


Fuente:
Fragmento del libro "Las enseñanzas de don Juan"
de Carlos Castaneda.