Intento, pero ya no puedo seguir, me morí aquella madrugada.
Me morí tantas veces, lloré tanto. Suspiré tu amor y conseguí dolor.
Hay cristales que se quiebran, sentimientos que se hielan,
y hay sapiencia...
Muchas veces el hombre necesita aire, necesita recorrer sus caminos,
amainar la tormenta, reencontrar al corazón perdido en la memoria de los perdularios.
Me duele...
Hice tanto por este amor... ¿hice tanto?
No se qué fue, no se cómo ni por qué.
Apago la luz, me reconforto en mi almohada,
cierro mis ojos y el olor a frío vuelve a abrazarme.
Por momentos no se si realmente soy yo o me perdí aquella madrugada.
Puedo ver sin mirar, puedo oir sin escuchar,
lo que no puedo es volver...
Hace tiempo vengo buscando algo que despierte a mi razón,
algún antídoto antipasión, alguna cadencia que ilumine mi voz.
Reviento...
Y las almas van directo hacia el sol,
y tu alma es un solsticio veraniego,
y su alma es una daga en mi corazón,
y mi alma ya no es mía, sólo es mío este dolor.
Reventé...
Me encontré y volvime a perder,
en el frío primaveral de aquella madrugada,
de este ardor introspectivo.

No hay comentarios:
Publicar un comentario