El mundo en que vive,
crudeza en los ríos,
templos de vainilla.
Simpleza eterna brotando por los poros,
inmensa luz cegando los dolores,
tanta magia,
tanto amor,
y los ángeles tienen ojos celestes.
Arrancando la ropa de algún que otro día común,
llenando de estilo las cosas vacías,
jugando con colores sobre paños.
Y los ángeles tienen ojos celestes,
y me traes a la vida,
y me florecen las venas,
y me renace la carne,
alma de viajante y filosofía,
y en el corazón alegría,
y en su juventud amor.

Una linda prosa de la pepita infinita...
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